emociones transpersonales

emociones transpersonales

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La mayoría de nosotros hemos crecido con el concepto de que las emociones intensas nos aportan experiencias más intensas y por tanto mejores, nos sentimos más vivos con ellas.

Así que buscamos experiencias intensas para sentirnos vivos, sobretodo cuando, tengamos lo que tengamos y hayamos vivido como hayamos vivido, no conseguimos llenar una parte de nosotros que reclama atención.

Tal vez hemos confundido emociones intensas con emociones fuertes. O incluso intensas por plenas.

De lo que sí nos podemos dar cuenta es que las emociones fuertes, o radicales, cuanto más lo sean más las encontraremos a faltar cuando se acaben. E incluso haremos un recorrido inverso hacia la emoción radical contraria, volviéndonos adictos a ellas, algo que sucede no solo emocionalmente sino bioquímicamente desde nuestro cerebro a nuestro cuerpo, tanto física como psíquicamente.

Es por eso que a la necesidad de llenar esa parte que sentimos de alguna manera vacía en nuestro interior, se añade el “pánico” a que se acabe la emoción intensa e irnos hacia su polo opuesto sobretodo cuando éste no lo deseamos porque nos hace sentir mal.

De ahí que en diferentes formas y según el caso e historia de cada uno, repetimos y buscamos situaciones para mantenernos “arriba”. Relaciones de pareja adictivas, actividades múltiples, deportes de riesgo, drogas…

Aunque ninguna de ellas es suficiente, por lo que tendemos a buscar más y de mayor intensidad.

Por eso mantenernos “arriba”, está entre comillas, porque no se refiere solo a emociones “buenas” sino también a las “malas”. Tanto las unas como las otras nos dan el pico de adicción que buscamos, en algunos de nosotros no solo una o la otra sino ambas.

Esta adicción, es una forma de esclavitud de nuestras emociones de manera que ellas dominan y controlan nuestra vida. Y cuando somos conscientes de ello lo sufrimos como cualquier otra adicción.

Así que para liberarnos de su dominio simplemente hay que buscar un estado de equilibrio entre ellas, vivir las emociones neutramente.

Y vivir las emociones neutramente no significa ni con frialdad ni desapasionadamente, sino en un punto justo, equilibrado, que nos permita vivirlas con intensidad aunque no una intensidad en el sentido radical sino en plenitud.

Experimentar nuestras emociones neutramente permite vivirlas plenamente.

Y con plenitud ese vacío interno ya está lleno, no falta nada.

Ahora la pregunta es: ¿cómo consigo esto?

Si entendemos que las emociones se crean, procesan y experimentan en el cerebro expresándose también en el cuerpo por su relación bioquímica, la solución pasa por acompañar y facilitar su estado neutro con una dieta y deporte al nivel adecuado a cada uno y una comprensión no solo mental sino transpersonal.

Con transpersonal me refiero a ir más allá de lo que somos como personas y contactar y potenciar esa parte que todos en algún momento hemos sentido o al menos pensado que está “por allí”, cerca o dentro nuestro y que tiene mucho que ver con la conciencia, la cual también está más allá de la personalidad, pensamientos, creencias, principios…

Meditar es la clave para conectar con esa parte que evito definir con una palabra como han hecho todas las culturas, precisamente para desvincularlo de toda idea anterior y así elijas o le pongas el nombre que tú prefieras, si es que se lo quieres poner, ya que hablamos de algo que cuando se siente, no se puede definir.

La meditación además ayuda a mantener el cuerpo y la mente en un estado adecuado bioquímicamente hablando que facilita el estado de neutralidad-plenitud.

La terapia transpersonal ayuda también a todo esto. Es un tipo de terapia que no se queda en el concepto y en el hábito sino que realmente cambia, transforma y libera.

Terapias como las Constelaciones Familiares y Sistémicas, la Hipnosis Clínica, las Regresiones y la propia Psicología Transpersonal son las que en mi experiencia tanto personal como profesional permiten llegar a ese estado deseado de plenitud, mantenerse en él y experimentar la vida sin sufrimiento y con disfrute. Pues otra parte importante es aprender a disfrutar del tiempo libre y aprender a tenerlo.

Todas ellas ayudan a entender, relativizar y equilibrar nuestras emociones y forma de ser.

Las Constelaciones ayudan especialmente en las emociones. Lo que se vive y experimenta en un taller de Constelaciones se hace desde un lugar de conexión con esa parte especial de nosotros de manera que la relativización de lo que ocurre y se siente es posible dándole la importancia adecuada.

Por eso es tan importante comprender que no solo la Constelación que se hace de uno mismo nos ayuda sino que todas las Constelaciones que se viven durante el taller nos permiten vivir en persona y en el marco seguro del apoyo y compañía del grupo y del terapeuta, todo tipo de emociones y experiencias diversas lo cual las lleva a ese punto de equilibrio desde el cual empezamos a vivir nuestra vida a partir de entonces de forma más alegre y plena. Es decir, con la experiencia de diferentes emociones y desde ese lugar transpersonal, aprendemos a gestionar las emociones y disolver el control al que nos sometían.

De forma natural, ese vacío se va llenando sin esfuerzo, sin lucha, sin sufrimiento y lo que antes era una búsqueda más o menos consciente pasa a ser una forma de vivir disfrutando.

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