ritmo sistémico

ritmo sistémico

publicado en: Terapia Sistémica | 0

Estás movida/o. Has vivido muchas experiencias.

La mayoría las consideraste negativas. Te dolieron.

Así que evitaste que se repitieran. La mejor forma para ti, tal vez fue olvidar, u ocultar, o no reconocer, o disimular, o…

Simplemente te defendiste, incluso antes de que se repitieran. O tal vez atacaste antes que te volvieran a atacar o a hacer daño. Quien fuera, la vida.

Hiciste lo mejor que supiste y lo mejor que pudiste. Incluso te sirvió. Aunque no encontrabas la paz.

Puede que seas de los que decidieron cambiar algo para encontrar esa paz, para dejar el sufrimiento.

A veces este camino hacia el cambio te pide un poco más. Parece que no es fácil. Es posible que te mueva muchas cosas, emociones, sentimientos, pensamientos, principios, creencias…

Aún así, quieres seguir, algo hay, una chispa, una fuerza en ti que te lleva a ello, te sugiere, te empuja.

Empiezas a ver la diferencia.

Antes te quejabas, te rebelabas, no querías aceptar lo que pasó, no querías que pasara lo siguiente. Antes sufrías.

Ahora te remueves, surgen sentimientos escondidos, afloran emociones dormidas, aparecen pensamientos otra vez; y puede que te afecten de nuevo. Miras a tus principios y creencias, ¿son tuyos? ¿Salieron de ti? Es posible que empieces a ver que tienen que ver con tu sufrimiento.

A la vez, ahora, aún con todos estos movimientos, empiezas a sentirte mejor. Las cosas empiezan a cambiar. Alimentas tu esperanza. Crece tu confianza. Alguien te ayuda. Quien sea, la vida.

Tanto que tienes prisa. Quieres acabar con todo ya. Y dejar de sufrir. Bien, parece que ese es el camino. Ahora eliges disfrutar. Libre.

No hay prisa. Porque ya lo estás haciendo, ya está. Tal vez había prisa para que despertaras, para que te levantaras.

Ya caminas y ese es el premio. No la meta, sino vivir.

Si piensas en que aún no has llegado, en que incluso a veces te cansas, vuelve el sufrimiento. Sólo tienes que descansar un poquito, sólo tienes que bajar un poco tu ritmo o más bien, hacerlo a tu ritmo. Y así vuelves a disfrutar, continúas disfrutando.

Simplemente sigue despierta/o, sé constante. Y cuando sea tu momento, pídete un poco más y sigue avanzando.

Puede que ahora veas que ya no necesitas defenderte sino protegerte. Ahora ya ves la diferencia.

Es diferente quedarte en casa para defenderte del frío a salir de casa protegido con una chaqueta que además es bonita, cómoda y te sienta bien y vivir la vida.

Así que la vida te felicita por tu Valentía.

Porque sabes que exponerte y abrirte en el contexto y lugar óptimos, con las personas adecuadas, te ayuda a cambiar el sufrimiento por el disfrute.

Nunca has estado sola/o. Siempre hemos estado aquí y ahora nos ves.

Y si aún no has empezado a hacer nada de esto, tal vez ahora puedas probarlo.

Porque parece que gracias a conocer el sufrimiento sabes que no lo quieres, que prefieres disfrutar.

Ahora puedes escoger.

Así que la vida te invita a que ahora conozcas el disfrute, la alegría.

Bienvenida/o Valiente.

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