mirada valiente

mirada valiente

publicado en: Psicología transpersonal | 0

Ando  por la oscuridad buscando… ¿qué? La felicidad. Cuando ni siquiera sé  muy bien qué es la felicidad. Ni la luz ni la oscuridad.

Solo sé que quiero dejar de sufrir. Y me cuesta darme cuenta que para dejar de sufrir debo mirar el sufrimiento, el dolor. Pero no para engrandecerlo sino para reconocerlo.

Huyo de ese dolor, de eso que ocurrió. Solo quiero que me deje en paz, que quede atrás para ser feliz. Que me lo extirpen. Que me den una pastilla. Lo antes posible y que haga efecto rápido. O que el terapeuta o quien sea me lo resuelva. También rápido por favor. Porque tengo prisa por dejar de sufrir, por ser feliz.

Si cierro la puerta y corro olvidaré. Entonces, ¿por qué aún no soy feliz? ¿Por qué aún me siento inquieta/o?

¿Por qué sigo recordándolo? ¿Por qué lo sigo contando? ¿Por qué sigo diciendo que porque pasó eso, todo esto me sigue pasando?

Porque no lo he comprendido. Porque lo he negado o porque sólo he querido olvidarlo y que pasara pronto.

Seguramente, cuando ocurrió me superó. Fue demasiado en ese momento. Y la impronta de ese dolor sigue en mí manteniéndome con un pie en ese pasado.

Desde esa mirada emocional que corresponde a ese pasado nunca podré comprenderlo, seguirá superándome.

Sí, debo tomar distancia, pero no de espaldas sino dar un par de pasos hacia un lado, hacia arriba. Y eso debo hacerlo hoy, desde aquí, desde hoy.

Con lo que soy ahora. Desde esta distancia puedo verlo, mirarlo con cierta desidentificación, ya no estoy allí del todo. Sólo en recuerdo, en impronta.

Ahora corro la cortina y veo ese dolor. Y él me mira a los ojos.

Ambos nos miramos y nos reconocemos. Ahora que por fin le miro a los ojos desde el reconocimiento, ocurre que no reacciono con drama ni con huida.

Ahora que por fin le miro a los ojos, lloro. Un llanto sentido, real y justo es acompañado de risa. Una risa liberadora.

Te veo y te doy las gracias. Somos como viejos amigos que se vuelven a encontrar después de un tiempo de confusión.

Te veo, te doy las gracias y me inclino ante ti. Aunque a lo mejor no entiendo, empiezo a comprender en mi interior. Gracias. Ya lo entenderé. Ahora ya no es tan importante. Ya no necesito el por qué.

Ahora sé que fue. Y puedo entregarme al para qué.

Para vivir sin sufrimiento y con alegría.

Mirarte a los ojos me libera, puedes salir de la sombra. O mejor dicho, puedo dejar de ocultarme de ti y salir yo de la sombra. Hacia el sol que me espera.

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