relaciones interesantes

relaciones interesantes

publicado en: Psicología transpersonal | 0

Las personas, el ser humano, tiene tendencia a vivir acompañado, en grupo, en pareja… es un ser social.

Algunos lo somos más y otros no tanto. Según nuestra personalidad y la historia de nuestra vida, la mayoría buscamos relacionarnos más o menos.

Las relaciones forman parte de nuestra vida, es casi imposible no relacionarnos con alguien.

La primera relación que tenemos es con nuestra madre dentro del útero, y con nuestro padre con un poco más de distancia. Estas relaciones con los padres, que normalmente son idílicas, a menudo nos van decepcionando y dejándonos insatisfechos con el tiempo.

Entonces, habitualmente buscamos recuperar esta pureza en una o en las relaciones que vamos teniendo, buscamos encontrar relaciones idílicas.

En algunos casos, según nuestra biografía, lo hacemos más consciente o inconscientemente, con más ahínco, incluso obsesivamente. Y según nuestra historia, es más importante, más necesario, tener estas relaciones.

Esto hace que si no las encontramos o descubrimos que no son como esperábamos, nos decepcionamos o incluso nos deprimimos.

Esta necesidad hace que la mayoría de relaciones empiecen siendo ya de dependencia, pues anhelamos todo lo que aporta una relación idílica, de manera que la relación ya está condicionada. Desde el inicio de la relación ya esperamos que la otra persona sea, actúe, cumpla, con nuestras expectativas, limitando así la libertad de la otra persona de ser ella misma. Condicionando así nuestra experiencia a una idea inicial y perdiéndonos la oportunidad de descubrir cosas nuevas, personas nuevas, ideas nuevas… Es decir, todo aquello que nos enriquecería y que es la ventaja que en sí traen las relaciones.

Pensamos, queremos, que una persona (o varias) esté con nosotros o se relacione con nosotros, desinteresadamente, y en cambio, esperamos que lo haga con intención… con la intención de amarnos, de estar a nuestro lado, de acompañarnos…

A la vez, buscamos una relación por interés, porque nos interesa lo que nos puede aportar, ayuda, compañía, amor… aunque desde la moral adquirida socialmente no lo reconozcamos, pues está mal visto reconocer que nos acercamos a alguien por interés y más si es por amor, pues se supone que el amor es desinteresado.

Tal vez el interés no es tan malo. De hecho en el fondo, cualquier relación tiene un interés como los que acabo de mencionar y que nos cuesta reconocer.

Si observamos el significado de “interés”, nos daremos cuenta que habla de la utilidad o el provecho de algo, es decir, lo que es una relación, algo que nos es de utilidad y provechoso.

Incluso veremos que la palabra interés tiene que ver con aquello que nos motiva, con los estímulos que nos llevan a hacer una cosa o acción. Esta definición es la que nos puede confundir moralmente, aunque la diferencia estaría en si la relación es provechosa para todas o solo, o mayoritariamente, para una parte. Si las dos partes obtienen provecho, es interesante saber, estar en paz en que ambas partes tienen intenrés en la relación. Así, la relación se libera. Se queda libre de exigencias, de la fantasía idílica de que se relacionen con nosotros sin ningún interés. Pues ni siquiera aquella primera relación con los padres es totalmente desinteresada.

Otra cosa interesante es la intención.

La intención es algo que surge de la mente y está orientada a algo, externo o interno.

Y precisamente aquí está la clave para encontrar la paz al tener relaciones interesadas o mejor dicho interesantes. Pues aunque también estaría condicionado por la moral al estar ésta dentro de la mente y de nuestro sistema de creencias, hacerla consciente nos permitiría esta paz de acción e interna.

Es decir, inconscientemente (o no) una persona tiene una intención, obtener afecto, amor, satisfacción, ayuda, dinero, dependencia… de una u otras personas, es decir, tenemos interés de obtener provecho de una relación intencionadamente.

Desde la estructura mental de la sociedad en la que vivimos, en este caso la moral, lo que está bien o no según está aceptado socialmente, no está bien tener interés en alguien, ser interesado, y desde la búsqueda idílica de una relación  pura tampoco, aunque esta búsqueda, por bien que es originada por el afecto (o amor), está condicionada por la mente, las ideas.

De esta manera queda oculta la intención. Detrás del “rollo” mental moral en el fondo hay la intención de obtener el provecho que la relación nos puede aportar, y así, esta intención se convierte en interesada y probablemente condicionante y exigente.

Si en cambio le ponemos consciencia a todo esto y por tanto reconocemos que toda relación tiene un interés y que este interés, además de legítimo es natural y es lo que hace que existan las relaciones, podemos tener la intención clara.

Podríamos incluso decirle claramente a la persona con la que nos quisiéramos relacionar (o en todo caso tenerlo claro en nuestra mente y nuestro interior): “Me gustaría relacionarme con esta persona pues me interesa”…

¿Y por qué me interesa?

¿Porque busco que me aporte algo en concreto (dependencia, amor, afecto, dinero…)? o ¿Porque simplemente me gusta descubrir cómo son las personas y qué tienen de diferente a mí que me permita aprender y saber más, mejorar como persona, incluso disfrutar?

Tal vez el tema no es si alguna de las dos preguntas anteriores son correctas o mejores.

Tal vez la cuestión sea la idea de compartir. Me acerco a alguien simplemente para descubrir (esto es un interés, sí) cómo es y tal y como es (sin intención de cambiarlo para que me aporte lo que busco) y yo me muestro como soy y tal y cómo soy (sin cambiar, variar o condicionar mi forma de ser para obtener del otro lo que quiero).

Desde aquí, las relaciones son claras y libres. Sin culpa y sin manipulación (aunque sea incosnciente).

Me relaciono con personas con la intención y el interés claros y las dos partes obtienen provecho:

Laboralmente: hago una tarea a cambio de un dinero.

Amorosamente (relaciones personales): me muestro tal y como soy para conocerte tal y como eres.

De esta manera, la relación está libre de exigencias fuera de lugar y dura mientras las dos partes están de acuerdo y obtienen provecho, así el final no es dramático sino natural y normal, y salimos de una relación siendo más de lo que éramos antes de tenerla.

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